Si no supieses tu edad, ¿cuántos años dirías que tienes?

Si no supieses tu edad, ¿cuántos años dirías que tienes?

Con esa pregunta terminaba hace un tiempo un artículo y -llamadme ególatra o bucle infinito- pero al releerla me he inspirado a mí misma.

Que cosas.

Me he puesto a pensarlo y a plantearme qué es eso de lo que hablamos cuando decimos madurez.

Al final somos un conjunto de experiencias y conocimientos que, evidentemente, dan forma a nuestra manera de actuar, pensar y comportarnos.

Pero, ¿es eso madurar?

Al crecer se nos pide que amortigüemos nuestras emociones. No vemos mal que un niñx se ponga a dar saltos de la emoción cuando va a hacer algo que estaba deseando, sin embargo nos choca si lo vemos en una persona que entre en la categoría de ‘adulto’.

Nos tragamos nuestras lágrimas, nos aguantamos la risa, pensamos antes de hablar y nos callamos cosas por el qué dirán.

Pero que las controlemos no significa que no las sintamos, simplemente que tenemos nuevas estrategias que hacen que esas emociones sean adaptativas.

Si que es verdad que cuando crecemos también lo hace -o debería- nuestra empatía y que dejamos de pensar que somos el centro del universo… pero la realidad es que en cierta forma lo somos. Tú vida sin ti no solo no tendría sentido, sino que no existiría.

A veces jugamos a ser adultxs y a veces lo hacemos a ser niñxs. Pero lo realmente importante es eso: jugar.

La cantidad de pensamientos como ‘a mi edad no debería’ o ‘ya se supone que no toca’ nos hacen entrar en contradicciones.

Porque se supone que con treinta y pico no voy a hacer tal o Pascual pero un día me permito jugar y olvidarme de ello y me descubro divirtiéndome, de vuelta a la adolescencia y eso no sólo no hace que me sienta bien, que me sienta libre sino que me empodere, que aumente la confianza en mí mismx.

Igual la edad también nos da esos momentos de ‘no me importa lo que opinen los demás’ reales. No los que tenemos cuando somos más pequeñxs en los que no medimos las consecuencias hacia los demás, sino desde el respeto y la convivencia.

Si cierro los ojos y pienso en la pregunta en sí veo que cambia según en qué me fije y a tí supongo que te sucederá lo mismo.

Si lo haces desde las emociones igual no pasas de los veinte.

Si lo haces desde las experiencias vividas igual sientes que tienes doscientos.

Si lo haces desde lo aprendido te quedas en ese limbo en el que en un extremo está él ‘he aprendido muchísimas cosas’ pero en el otro ‘me queda muchísimo por aprender’.

¿Y si lo haces desde el terreno sexual? ¿te permites disfrutar desde el deseo adolescente pero con el autoconocimiento que tienes de lo que te gusta?

A veces ese número que sólo el tiempo marca, nuestra edad, nos limita y a veces nos impulsa. En ocasiones nos ayuda a conseguir lo que queremos y en otras nos hace que nos tiemblen las piernas.

Pero da igual cuál sea mientras te dejes sentir.

Y jugar.

Y emocionarte.

Y vivir.

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