¿Hablando se entiende la gente?

¿Hablando se entiende la gente?

Uno de los mayores problemas que presentan las parejas de hoy en día (y la gente en general), es la mala comunicación entre ellos. Hay que aprender a hablar, pero aún más importante, hay que aprender a escuchar.

No se si conocéis “La Ventana de Johari”, según este modelo, podríamos decir que en una conversación entre dos personas realmente hay más de lo que se ve a simple vista:

– La parte visible: lo que las dos personas dejan ver de su forma de ser (Por ejemplo: Él: “soy cariñoso”, Ella: “soy generosa”)

– La parte oculta: lo que esconden de si mismas (Él: “tengo miedo al compromiso”, Ella: “soy insegura”)

– La parte ciega: lo que cada uno de ellos no ve de su personalidad pero el otro si ve (Él: “ella es muy manipuladora”, Ella: “él es egoísta»)

– La parte desconocida: lo que ni unos ni otros saben de ellos mismos ni de su pareja.

Por nuestras percepciones, juicios e interferencias en el mensaje ya es bastante complicado entenderse pero, si a eso le añades un estado emocional agitado, irritable o a la defensiva, tenemos un bonito cocktail y una gran resaca.

Debemos recordar que aproximadamente el 80% de la comunicación es no verbal, por lo que los gestos, mirar al otro a los ojos, una sonrisa,etc. son muy importantes, ya que van a afectar notablemente a que se de o no una buena comunicación y, también, a que haya una buena o mala predisposición.

El 20 % restante de esa comunicación sería lo que expresamos verbalmente, pero se ve afectado por múltiples factores, como la forma de expresarlo o el ruido (si estamos en un sitio público o si está la televisión encendida, la radio…). Es decir, que a duras penas transmitimos un 10% de lo que queremos decir y ese 10% que le llega al receptor, será interpretado a partir de su historia y su estado anímico. Por eso es tan importante lograr comunicarnos de una forma más funcional, facilitando el entendimiento mutuo.

Los monólogos enfrentados están a la orden del día, como también lo está el levantar la voz e incluso perder los papeles. Lo complicado cuando una persona discute es escuchar porque, en vez de ello, el tiempo del habla del otro se utiliza para ir preparando la réplica, la puntillita. Mientras se escucha hay que intentar ponerse en su situación, intentar comprender como se siente el otro, empatizar.

A la hora de hablar con tu pareja es importante hacerte responsable de lo que sientes, date cuenta de que no es tu pareja la que te hace sentir de esa forma en particular, sino que tú solo eres el que te sientes de determinada manera cuando tu pareja hace algo. Por eso es muy importante hablar desde el “yo”. No es lo mismo decir “yo me siento mal cuando llegas tarde sin avisar” que “me haces sentir mal cuando llegas tarde sin avisar”, ese malestar lo experimentas tú, no te lo impone nadie. Además, intentar culpabilizar a tu pareja lo único que va a conseguir son reacciones defensivas o de contraataque. Hay que intentar no atribuir al otro lo que nosotros pensamos ni interpretar su conducta a nuestra manera.

Es altamente recomendable no usar términos absolutos porque son éstos los que suelen llevar a error. El “siempre” o el “nunca” están prohibidos. En la vida no sólo hay blancos o negros, también está el gris y es ahí, en estas situaciones, donde tenemos que movernos.

También es muy importante conocer a nuestra pareja, saber en que entorno ha crecido, como se comporta, en definitiva, como discute, que habilidades sociales domina y aquellas de las que carece. Al igual que no es lo mismo hablar con un adulto que con un niño, no es lo mismo hablar con una persona que a lo mejor se cohibe cuando le gritan o, al contrario, que ha sido educado para gritar cuando se discute.

Usar un lenguaje positivo siempre va a ayudar a que la comunicación sea más efectiva y si nos ajustamos a una situación en particular, muchísimo mejor. A veces, tendemos a quejarnos en general, como por ejemplo “es que pones el volumen de la televisión muy alto” cuando, a lo mejor, sólo nos molesta en una situación específica, por ejemplo “me siento incómoda cuando estoy hablando por teléfono y tienes el volumen de la televisión muy alto”.

También hay que aprender a centrarse en un solo tema. Si se esta discutiendo algo especifico no hay que saltar a otro y, si vemos que eso sucede, es mejor dejar ese tema para más adelante.

A veces parece que no hay salida, que todo es un bucle, algo se discute, no se tiene la misma opinión y no hay forma de negociarlo. Esto nos llevaría a dos opciones: me vale o no. Y si te quedas con el ‘me vale’ hay que aceptarlo, tolerarlo y no volver a sacarlo ya que sino volveríamos a una discusión sin fin.

Diferenciaría entre discusiones triviales o importantes pero realmente no se puede hacer tal separación ya que, lo que para uno es una nimiedad para otro puede ser requisito indispensable. Podríamos pensar que es más seria una argumentación sobre si irse a vivir juntos o no, que sobre si uno de ellos deja los calcetines tirados a los pies de la cama, pero no tiene por qué ser así. Cada uno vive las cosas a su manera y la importancia de las discusiones no están en la regla general, sino en lo que es importante para uno mismo.

Por lo tanto, lo ideal para que una comunicación sea efectiva es que sea positiva, directa y clara pero desde la empatía y la asertividad, ampliando la parte visible de la Ventana de Johari tanto para ti mismo como para los demás, es decir, conocerte mejor para que los demás también puedan hacerlo.

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