Relato erótico de Duende Travieso

Luna y Tormenta Me despierta un sonido chirriante, abro los ojos y entre parpadeos veo una figura femenina, es ella, solo cubre su desnudez con una leve túnica de gasa que se mece al viento, trae entre las manos unas mantas y me doy cuenta de que estoy helado…sobre el mar al fondo se ha desencadenado una tormenta, ella deposita una manta sobre mí, mitigando el frió que sentía… ella ocupa la butaca contigua y me advierte de que la tormenta llegara en breve tiempo, enciendo un cigarrillo, ella hace lo mismo y nos quedamos a contemplar esa maravilla de la naturaleza que es la tormenta furiosa que descarga en el mar…ella al terminar el cigarrillo se levanta y cogiendo la manta se pone a bailar sobre el césped como siguiendo el ritmo de los tambores, de esos tambores naturales que se oyen en la lejanía, los truenos de esa tormenta…contemplo el espectáculo de extraordinaria belleza, ella danzando sobre la hierba y de fondo rayos cayendo furiosos sobre el mar, y la luna llena iluminando a la danzante…llueve…caen gruesas gotas de agua, pero muy espaciadas en la distancia…la danza se interrumpe…ella deposita la manta en un banco de piedra y se tumba encima, de espaldas, mirando directamente a esa plena luna…instintivamente me acerco hacia ella. tiene los ojos ahora cerrados, está en silencio, veo que las gruesas gotas han empapado en parte esa sutil gasa que cubre su cuerpo, esa tela ya mojada se pega a su piel…las gotas de lluvia son ahora más espesas…la tela ya casi completamente pegada a su piel ya no hace la función de...

Relato erótico de Atenea

Marco Como cada 15 de agosto vuelvo al pueblo para celebrar las fiestas. Es el mejor momento del verano, reunirme con la pandilla de siempre y recordar viejos tiempos. Después de cenar con la familia quedo con todo el grupo en la plaza del ayuntamiento, hay una pequeña sesión de fuegos artificiales y luego la orquesta. Cuando llego Ana me dice que no me voy a creer quién ha venido este año… ¡el primo Marco! Él fue mi primer beso en un tonto juego de “beso, verdad o consecuencia” cuando yo tenía 13 años. Estuve colada por él durante mucho tiempo. Le llamamos al primo Marco porque la que es del pueblo es su prima Laura, pero desde niño y hasta los 17 él siempre venía con sus padres a las fiestas y luego se quedaba un par de semanas. Al fin llega Marco, nos saludamos y nos ponemos brevemente al día. Mientras hablamos noto cómo mi pulso se acelera, no sé cómo es posible que tenga este efecto después de tantos años. Resulta que es ingeniero industrial y ahora trabaja en Irlanda. Mientras hablamos llega Miguel a saludarle, siempre le llama Marcos y hoy no iba a ser menos, entonces los dos le corregimos al unísono, nos miramos y nos echamos a reír. Esto hace que me sonroje, no sé qué me pasa… Comienzan los fuegos artificiales y me dan un respiro. Cuando llevo un par de minutos mirando al cielo siento que alguien se me acerca por detrás, es Marco. Me susurra al oído que si quiero hacer inolvidable esta noche, me espera al lado de la...

Relato erótico de Antonio

Alfalfa Una calurosa mañana de verano, me dirigía andando a comer a casa del conde con mi impoluto vestido blanco, cuando me encontré a un segador cortando alfalfa a la orilla del camino. Me quedé mirándolo, hipnotizada por sus rítmicos movimientos con la guadaña. – Inténtelo usted – me invitó educadamente. Me cogió de la mano, y con delicadeza, me llevó al bancal. Colocándose a mis espaldas me dio la guadaña. – Cójala con esta mano. Con la otra sujete fuerte aquí. Sentí sus fuertes manos sucias sobre las mías. Notaba su cuerpo sudado pegado al mío; percibía su boca pegada a mi oído, rozándome el cuello con su cara surcada de gotas de sudor y polvo. Mis piernas temblaban al asir la larga y afilada guadaña. Sintiendo su cuerpo sobre el mío, abrazándolo sin abrazarme. Sus brazos rozando mis senos. Sus piernas dirigiendo mis muslos. – Abra las piernas. Más. Así. Levante la guadaña. Con fuerza. Me estaba gustando. Me estaba excitando el estar siendo poseída por el cuerpo y los brazos sucios y sudorosos de un desconocido, y por estar manejando esa peligrosa herramienta. La hoja pasó justo a ras del tallo de la alfalfa. Y me emocioné. Un pequeño movimiento involuntario me hizo adelantar un pie. Y en el arco descendente, la esquina de la imponente hoja me rozó el pie, que empezó a sangrar enseguida. – No la debería haber invitado. Era demasiado peligroso. Me sentó sobre la alfombra de alfalfa todavía no cortada. – Debo ver bien la herida. Voy a quitarle la media. Sin darme tiempo a reaccionar, metió sus sucias manos por...

Relato erótico de Anaidam

Calentón… de cabeza Tengo la cabeza tan saturada de fiestas navideñas que sería capaz de agarrar el avión y largarme con mi hija y mi marido a mi casa, sin tomar las uvas. Ahora mismo me encuentro en la terraza exterior de la casa de mis suegros, agradeciendo el clima de estas islas. Bebo de mi copa de vino y me doy cuenta de que se ha terminado. No voy a entrar a servirme, no quiero saber nada de los rollos de estudios de mis sobrinas, si es que mi cuñada me pilla por banda, o del nuevo coche de mi cuñado. Escucho la puerta de la terraza y me escondo detrás del toldo. —¿Elena? —es la voz de mi marido. —Aquí —digo y ahueco la pesada cortina. Me sonríe y yo se la devuelvo, le adoro. —Mi hermano ha dicho que te has salido por el calentón que te ha dado al ver el anuncio de la colonia y ese actor. —Según habla se coloca detrás de mí y me abraza, haciendo que yo me recueste en su pecho mientras me río por el comentario de mi cuñado, porque no va desencaminado, aunque en este momento no sea el caso. —Podría ser —murmuro melosa sin poder ocultar la sonrisa. —Así que, ¿te ha calentado? —su voz se vuelve ronca, deja un beso húmedo en mi hombro y siento que me derrito. Hace una semana que no tenemos sexo y él con esa actitud me pone al límite. —¿Y si te dijera que sí? Escucho un sonido ronco que sale de su pecho, me hace mucha gracia su posesividad...

Relato erótico de Ámbar

Paraíso Bereber No puedo dejar de pensar en él…se, que por su cultura bereber, sigue el curso del desierto, del viento, sin tiempo, no pertenece a nada, ni a nadie pero, no puedo dejar de fantasear en su cuerpo, en su piel, en su olor…su mirada intensa, misteriosa y terrenal, a la vez que me inquieta, me excita, a la vez que me perturba, me atrapa y embriaga. Su piel…como puedo dejar de pensar en ella, morena con retazos de azul índigo, que le deja delicadamente la propia tela de su turbante. Para su cultura, es el color del mundo. Hombres del desierto, libres, salvajes y amantes incansables que con solo rozar tu piel consiguen despertar los mas íntimos deseos sexuales y sin quererlo, te hipnotizan con su magia eternamente…desprenden el olor de la naturaleza que te enloquece. Aquella tarde, mientras el sol se escondía entre las dunas, me dejé atrapar por sus brazos, sin vacilar, como amante que atrae lo atemporal de la vida, dibujó en mi piel, las mas oscuras fantasías que sin saberlo, estaban esperando, a salir, para vivir sin razón y sin sentido aquel momento. Después de vivir aquello, siento que nada, ni nadie puede alimentar esa sed que surge de mi interior cuando pienso en su cuerpo. Lo intento a solas en mi cama, acompañada por otras mujeres, hombres, a veces con varios a la vez pero, no puedo…algo de mi se quedó en aquel atardecer que poco a poco fue desapareciendo entre las...
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