Si no supieses tu edad, ¿cuántos años dirías que tienes?

Si no supieses tu edad, ¿cuántos años dirías que tienes?

Con esa pregunta terminaba hace un tiempo un artículo y -llamadme ególatra o bucle infinito- pero al releerla me he inspirado a mí misma. Que cosas. Me he puesto a pensarlo y a plantearme qué es eso de lo que hablamos cuando decimos madurez. Al final somos un conjunto de experiencias y conocimientos que, evidentemente, dan forma a nuestra manera de actuar, pensar y comportarnos. Pero, ¿es eso madurar? Al crecer se nos pide que amortigüemos nuestras emociones. No vemos mal que un niñx se ponga a dar saltos de la emoción cuando va a hacer algo que estaba deseando, sin embargo nos choca si lo vemos en una persona que entre en la categoría de ‘adulto’. Nos tragamos nuestras lágrimas, nos aguantamos la risa, pensamos antes de hablar y nos callamos cosas por el qué dirán. Pero que las controlemos no significa que no las sintamos, simplemente que tenemos nuevas estrategias que hacen que esas emociones sean adaptativas. Si que es verdad que cuando crecemos también lo hace -o debería- nuestra empatía y que dejamos de pensar que somos el centro del universo… pero la realidad es que en cierta forma lo somos. Tú vida sin ti no solo no tendría sentido, sino que no existiría. A veces jugamos a ser adultxs y a veces lo hacemos a ser niñxs. Pero lo realmente importante es eso: jugar. La cantidad de pensamientos como ‘a mi edad no debería’ o ‘ya se supone que no toca’ nos hacen entrar en contradicciones. Porque se supone que con treinta y pico no voy a hacer tal o Pascual pero un día me...
Ya no te quiero

Ya no te quiero

Hoy, al salir del trabajo, he visto como un hombre sacaba de una sillita a una niña -deduzco que su nieta- y la dejaba con todo el mimo en el suelo. Pero luego, con el ceño fruncido le ha dicho “te has portado mal, ya no te quiero“. La pequeña no tendría ni 3 años y le miraba triste sin entender. Yo, con 34, también. Seguro que más de unx habéis escuchado esa expresión alguna vez, ¿verdad? Todxs sabemos que no se dice en serio, que no representa una realidad pero ¿nos damos cuenta de la crueldad que transmite? Al final, con ese “ya no te quiero“, lo que entiende la peque es que si no hace lo que le dicen, si no es obediente, puede perder el amor que recibe. Somos seres emocionales y necesitamos saber que un amor tan incondicional como ese no va a cambiar en función de como me comporte porque, si no es así, ¿qué es lo que tengo?. Inseguridad. Qué mensaje más doloroso, ¿no creéis? Un chantaje emocional en toda regla que, además, puede provocar muchas cositas en su futuro, en su vida de adulta. Y no, no estoy exagerando porque, por desgracia, me lo encuentro en terapia. Puede conseguir que se convierta en una persona que no se atreva a contradecir a las personas que quiere por miedo a que eso suponga una pérdida de afecto e, incluso, una persona que se cierre al amor por miedo a perderlo. Porque creces, conoces a alguien y decides diluirte, desdibujarte, para no desentonar, ceder para no discutir, asentir por ver a tu pareja discutir, excusarle para...
Vaginismo: no puedo practicar el coito

Vaginismo: no puedo practicar el coito

A algunas mujeres cis les pasa que, cuando intentan mantener una relación coital, se da una contracción involuntaria de los músculos del suelo pélvico que hacen que la vagina “se cierre” provocando dolor, ardor y una imposibilidad para practicarlo. En estos casos estaríamos hablando de vaginismo. Se suele diferenciar entre dos tipos: 1. Vaginismo primario: personas que lo padecen desde siempre. Es habitual que incluso les haya afectado en otras situaciones de su vida, como puede ser al intentar usar un tampón o hacerse un examen ginecológico 2. Vaginismo secundario: cuando la mujer ha mantenido relaciones coitales satisfactorias durante su vida pero, llegada a determinado momento, empieza a resultarles imposible. Hay mujeres que viven esta experiencia con vergüenza, culpa y hasta confusión llegando a creer que su vagina está cerrada literalmente. Para entender mejor todo vamos a verlo con un ejemplo práctico: Coged la mano izquierda y cerradla en un puño sin apretar Con el dedo índice de la mano derecha intentad meterlo dentro del puño de la mano izquierda, se puede, ¿verdad? Ahora vamos a volver a hacer la prueba: Cerramos la mano izquierda en un puño pero esta vez lo apretamos con fuerza Luego intentamos introducir el dedo de la otra mano en el interior… ¿resultado? Se ha complicado la cosa, ¿verdad?. O no habéis podido, o habéis tenido que “escarbar” para conseguirlo y, seguramente, os ha resultado incómodo, tanto en el puño en sí como en el dedo que se intentaba abrir camino. Eso es lo que se encuentran una persona que padece vaginismo y su pareja. “¿Y por qué no relaja los músculos?” podéis preguntaros. Pues porque, básicamente, la contracción se hace de manera involuntaria y, a...
Emocionarse o morir

Emocionarse o morir

Ilustración de Javitxuela Hay veces que escribo e intento enseñar algo, explicarlo como si estuviésemos aquí juntxs hablando de ello compartiendo un café, té o cervecita. Hay veces que escribo y escribo, sin rumbo, persiguiendo una idea e intentando que ésta no se pierda entre los dedos y el teclado. Hay veces que escribo sólo por saber tu opinión, tu respuesta, tu reacción. Hay veces que escribo y me emociono, me dejo llevar, recuerdo momentos, personas, sucesos. Esto último me ha pasado hoy escribiendo un artículo que un día leeréis y no porque sea ñoño, no porque sea el artículo en sí muy emotivo, sencillamente porque hay temas que calan, que te tocan. Pensando en ello me he dado cuenta de como cohibimos a veces nuestras emociones, como sentimos culpa o vergüenza por sentirlas, como hay ocasiones en las que nos emocionamos y lloramos y no ha pasado ni un misero segundo cuando ya nos estamos “disculpando” ante las personas que tenemos alrededor. “Perdona, es que me he emocionado…” ¿Perdona? ¿por qué? ¿qué nos pasa a veces? ¿qué nos han metido en la cabeza? ¿que las emociones nos hacen débiles? ¿que llorar no es de valientes? Lo siento, pero no estoy de acuerdo. Si hay algo que nos hacen las emociones es, ni más ni menos, demostrar que somos seres humanos. Personas que sienten, que les importa, que se involucran, que quieren, que aman, que sufren, que añoran, que se apasionan, que disfrutan, en definitiva, que viven. Así que no pidas perdón por tus lágrimas al igual que no lo haces por tu risa. Dejemos de clasificar las emociones en...

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