¿Y si no puedo con todo?

¿Y si no puedo con todo?

Muchas veces nos cargamos a nuestras espaldas nuestras mochilas y las de los demás. De golpe y porrazo pasamos de ser un ser humano más a la persona sobre la que se sustentan hasta las leyes de la física. Hay veces que lo vemos, nos damos cuenta de lo que ello supone, abrimos los ojos y decidimos querernos y cuidarnos. Otras veces hemos pasado de nuestras señales de alarma, hemos ignorado todo lo que indicaba que no podíamos seguir por ahí, nos hemos dicho que podemos seguir adelante, nos hemos exigido una sonrisa cuando no apetecía y hemos llenado el tiempo de millones de cosas para no darnos cuenta de que no podemos más. Hasta que algo nos hace parar de golpe y nos obliga a abrir los ojos y a mirar hacia adelante. Sin alternativa. Lleguemos por nuestra cuenta u obligadxs por personas o circunstancias casi siempre nos encontramos lo mismo. Nos damos cuenta de que hace tiempo que nos hemos ignorado y que, si nos pudiésemos llamar a nosotrxs mismxs, comprobaríamos que tenemos cientos de llamadas perdidas, mensajes en el buzón de voz y whatsapps sin contestar. Hemos pasado de las señales de alarma porque en esta sociedad de postureo y hastags el de #nopuedomás no se lleva. Porque sentimos que no tenemos derecho a cuidarnos o que somos egoístas si lo hacemos. Si no tienes trabajo es porque no lo has buscado. Si no estás contentx con el trabajo que tienes “no tienes derecho a quejarte” -¿perdona?- porque “al menos tienes trabajo”. Si tu relación de pareja no te satisface es porque “pides demasiado” y si...
Cómeme a versos

Cómeme a versos

Ilustración de Carla Aledo para PK Este mes, en Proyecto Kahlo, hablamos de literatura y yo me he lanzado a hablar del poder de la palabra. Sabemos que las palabras pueden doler, también sabemos que pueden enamorar, ¿pueden también erotizar? ¡claro!  Con las palabras podemos crear y eso es fundamental en la pareja. Así que no me enrollo más y te dejo leer el artículo pinchando aquí. Si después de leerlo quieres compartir conmigo algún momento en el que unas palabras se hayan marcado a fuego en tí, te espero en comentarios...
Mudanza sentimental

Mudanza sentimental

Foto: Tumblr Todxs hemos pasado por momentos que nos aturullan, que parece que nos sobrepasan. La sensación esa de que viene todo de golpe y nos hace sentirnos como una hormiguilla en mitad del campo: perdidxs, pequeñxs y con dificultades para discernir por donde tirar. Además, fechas como las que se acercan ahora, son muy propicias para que el dicho “querías caldo, pues toma dos tazas” se haga realidad. Es normal que tantos momentos nos hagan quedarnos en estado de shock aunque sólo sea por un milisegundo, es como si estuviésemos de mudanza. Cada problemilla es una caja y de golpe y porrazo nos hemos encontrado rodeadxs de ellas, sin tener nada más que el suelo para sentarnos y esa casa que antes veíamos tan bonita nos cuesta reconocerla. Llegados a este punto tenemos 2 opciones: darnos por vencidxs y perdernos entre las cajas o empezar a ordenarlas y a darlas forma. Llamadme loca pero me quedo con la segunda, ¿vosotrxs? En el momento en el que vayamos “caja” por “caja”, éstas irán abultando menos y, además, nuestra casa irá cogiendo la forma que queríamos darle. Al igual que en las mudanzas, no tenemos porque abrir todo de golpe y colocarlo de cualquier manera. Tómate tu tiempo, ordena el problema, repasa lo que puedes hacer, aprende de lo que piensas, de lo que sientes y trabájatelo hasta pasar a la siguiente caja. Como siempre, habrá cajas más pesadas que otras pero, de la misma manera, también habrá cajas que se vacíen rápidamente y que enseguida den un toque único a esa habitación que está en tu interior. ¿Y si...
Licencia para llorar en el Metro

Licencia para llorar en el Metro

Acabo de presenciar una de las escenas más dantescas que he visto en mi vida. Localización: Metro de Madrid. Andén. Muchísima gente en él ya que el tren que acaba de llegar “no admite viajeros”. Entre toda esa gente una chica joven, de unos veinte y pico años con los ojos rojos y llorosos. Creo que era casi inevitable no verla porque su cara no podría reflejar más tristeza, supongo fruto de una ruptura sentimental o la muerte de alguien cercano, pero vamos esto es deducción mía. Como siempre, todo el mundo mira su ombligo, nadie hace nada, algunos por no saber que hacer ante esas situaciones, otros porque no reaccionarían ni si tuviesen un dragón echando fuego quemando sus cejitas y otros simplemente por respeto, por no invadir ese espacio tan personal. Pero entre la muchedumbre una mujer se abre camino, se acerca a ella, la pone una mano encima del hombro, a lo que la chica no sólo no responde con un respingo sino que le devuelve una mirada casi de alivio. La mujer la mira y, con un tono de voz notablemente alto, le dice “¡¡pero niña!! ¡deja de llorar! ¡que esto es un lugar público y nadie tiene porque aguantar tus lágrimas! las mierdas las dejas en casa y dejas de joder el día a la gente que te vea o ¿que pretendes? ¿dar pena?”. Os juro que, a pesar de que en ese momento llegaba el siguiente metro, no he tenido que bajar ni un poquito la música para escuchar esto y que me han temblado las piernas. La reacción de la chica ha...

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