¿Cómo te hablas?

¿Cómo te hablas?

¿Cómo te hablas? Lo que nos decimos y cómo nos lo decimos importa. A veces damos mil vueltas y hacemos 140 croquis para saber como expresar algo a otra persona. Untamos el molde con paciencia y añadimos: – 100gr de empatía – 100gr de asertividad – 1 cucharada de respeto – Media rodaja de miradas – Unas horitas de sinceridad – Una ramita de claridad Y a 180° del horno del cariño durante unos minutos. Uhmmm… huele bien. ¿Y con nosotrxs mismxs? Pues ponemos el mismo cuidado que el que pica algo de la nevera al llegar de una noche de juerga. A lo bruto. A lo loco. Y sin filtros. Ni un vasito de agua para pasarlo. Pero eso no es todo sino que, además, nos juzgamos por cosas que no juzgaríamos a los demás. Esa cosita que parece una tontería y que en otra persona o no nos llamaría la atención o justificaríamos: en nosotros se convierte en una etiqueta. Un hecho. Una realidad. Y aunque no lo sea, en tan solo un segundo nos hemos vestido con una camiseta que lo indica. ¿Y qué pasa cuando sentimos que hemos hecho algo mal? Que consideramos que merecemos ser castigados y… espera un momento, ¿para que nos va a castigar alguien si nosotrxs lo hacemos mejor? ¡Una ronda de autocastigo para la mesa 8! ¡Marchando! Si no te enteras de algo: eres tontx. Si has tropezado 2 veces con la misma piedra: no vales para nada. Si consideras que has hablado de más: bocazas. Si no has hecho los 8563 planes que tenías apuntados en tu agenda: eres...
Intolerante a ti

Intolerante a ti

Perdona… pero no me siento bien. Hay personas que son intolerantes a la lactosa, al gluten y/o a la fructosa. Yo soy intolerante a tus excusas, a tus ‘la próxima vez’, a tus palos de ciego, a tus ‘nos volveremos a ver’. A tu piel, a tu cuerpo, a tu mirada que expresa todo lo que tu boca no se atreve a decir. A tu miedo a mirarte dentro, a tus quejas sin buscar una solución. A tus espacios, tus tiempos, tus, tus, tus, tus. Cuando repites mucho una palabra deja de tener sentido. Cuando te repito en mi cabeza te sucede lo mismo. Perdona… pero no me sientas bien. ———- ¿Nos vemos por Instagram?...
Dar

Dar

A veces una se cansa de dar. Dar y dar y dar, sin recibir nada a cambio. Y no es que des para recibir pero es que esperas que alguna vez se note. Que se note que eres de verdad. Que se note que no te vendes. Que sabes que haciendo así o asá vas a conseguir más resultados pero que como eso no eres tú, no lo hagas. Y mientras ves la hipocresía subir y ser recompensada. ¿Y que haces? Dar. Porque es lo que te sale, es lo que te nace. Y porque en el fondo solo quieres contentar a una persona. Serle fiel. No traicionarla ni decepcionarla. Y te miras al espejo y sonríes. Porque todo esto lo has dado por ti. Para ser feliz. Y ya te importa nada aquello que te preocupaba porque eres así. Sencillamente, eres feliz. Así que da. Da como si no hubiese un mañana lo que te salga de dentro. Da ese abrazo, ese beso, ese gesto de ánimo, esa mirada de apoyo. Da también tu ceño fruncido, tu pie izquierdo y tus días malos. Da y no lo pienses. Como hasta ahora. Que se rían, que te comprendan, que se queden o se vayan. Da igual. Porque te das. Y eso es muy grande. Eso es...

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