Tampones y compresas como contrabando

Tampones y compresas como contrabando

Todas lo hemos hecho. Tenías la menstruación en el colegio y entrabas en modo ninja. Aprovechabas las sombras para recorrer el pasillo lo más rápido posible, entrabas en clase tras comprobar que tus compis seguían en el recreo y ahí no había nadie. Te acercabas a tu mochila y buscabas un tampón que ponerte mientras mantenías alerta tu ‘sentido arácnido’ por si a alguien se le ocurría entrar y te preguntaba eso tan cruel y temido… ‘¿qué haces?‘. Hay personas sin compasión. Rebuscabas: 2 bolis -uno sin tapa y otro con ella pero bien mordida-, un folio arrugado, la notita que te pasó no sé quién, el envoltorio de un chicle, gomas de pelo que probablemente no eran tuyas -las tuyas estarían en otras mochilas y lo sabes-, un clip, la goma de borrar, un sacapuntas roto y… ¿qué es lo que hay más al fondo? ¡ah! ¡si! el PÁNICO. Pánico al ver que no has traído ni tampón, ni compresa ni apaño en su ausencia –todas hemos ido por la vida en un momento dado con un pañuelo desechable, papel higiénico o una servilleta aunque no solamos hablar de ello. #truestory Inmediatamente huyes de ahí como si no hubiera un mañana buscando a tus amigas mientras te imaginas como Carrie en su fiesta de fin de curso. Haces contacto visual. Se alarman. Te acercas al oído de la que tienes más cerca y casi sin movimiento, cual ventrílocua, le preguntas si tiene un tampón o compresa. La respuesta es no. Pasas a la siguiente y empiezas de nuevo la misma operación. Mientras, alguna persona te ha preguntado algo...
No te enfades pero…

No te enfades pero…

Seguro que más de una vez alguien os estaba hablando y ha comenzado una frase así o de ese estilo, ¿verdad? ¿Y qué hace automáticamente eso? Exacto, que te pongas a la defensiva, justo el efecto contrario, porque diciéndote que no te enfades de antemano te predispone a escuchar algo por lo que te puedas sentir afectadx. Lo mismo ocurre cuando alguien termina una relación -sea del tipo que sea- y te dice algo como “antes de nada, no quiero que pienses que aquello que pasó hace unas semanas tiene algo que ver” y, en el fondo, lo que te está diciendo es “esto es por aquello… y lo sabes”. Y es que a veces somos transparentes sin querer serlo e, intentando cubrirnos las espaldas, ponemos en bandeja nuestros verdaderos pensamientos. Es como el otro día que coincidí con una persona que, mientras nos tomábamos algo, no hacía más que esgrimir frases sobre la igualdad entre hombres y mujeres y como éstas últimas -si, nosotras- un día llegaríamos a estar a “su altura”. Qué altura es esa no lo se, pero desde luego éste si se cayó desde ahí y se quedó así, debe de ser muy alto. Su discurso en papel era bueno siempre y cuando no terminase sus frases porque cada puntillita final hacía lo que no quería que hiciese: mostrar lo machista que era. Curioso, ¿verdad? ¿Será por esto lo del refrán aquel de “se pilla antes a un mentiroso que a un cojo”? Porque podemos intentar decir todo lo que queramos, podemos cambiar nuestro discurso pero hay un pequeño detalle, que cuando no te crees...
Emmanuelle, la película (1974)

Emmanuelle, la película (1974)

El otro día vi que vendían Emmanuelle baratita y me dije ¡esta es la mía! Aquella película que habías visto a trozos, de la que habías oído hablar pero que para cuando la ponían en España aparecían los 2 rombos con el consecuente gesto inmediato y totalmente automatizado de tus padres “esto no lo puedes ver”. La verdad es que anda que desde entonces no he tenido oportunidades de verla pero la verdad nunca me daba por ahí…hoy ha sido el día de volver a recorrer el metraje de esa película que se convirtió en mito e icono del cine erótico llegando a definirla como “la que puso la linea entre erotismo y pornografía”. Hay que verla con esa mirada nostálgica, pensando que aquello supuso un cambio, una revolución, se quería censurar, no la querían dejar rodar en determinados momentos, exponía una relación homosexual sin culpa ni complejos y, eso si, era la película “picante” que estaba bien visto ir a ver acompañada por tu pareja. ¿La realidad? Una sexualidad totalmente machista que sin embargo se vende como la búsqueda de la auténtica femineidad…eso si, ¿el motivo por el que esta joven Emmanuelle de 20 años se adentra en nuevas experiencias? para ser ELLA, la mujer perfecta para su marido, completa, con pleno conocimiento de la sexualidad para satisfacerle…ñiiiiiii!!!! si, chirría muchísimo! El hombre como “maestro de artes amatorias” y ¿la práctica? pues mira guapa, como hay que despejar la mente vamos a empezar por una violación, luego por sortearte como premio y por último una sodomía pública, ¿que no te sientes más femenina así? que raro, esto siempre...

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