Emocionarse o morir

Emocionarse o morir

Ilustración de Javitxuela Hay veces que escribo e intento enseñar algo, explicarlo como si estuviésemos aquí juntxs hablando de ello compartiendo un café, té o cervecita. Hay veces que escribo y escribo, sin rumbo, persiguiendo una idea e intentando que ésta no se pierda entre los dedos y el teclado. Hay veces que escribo sólo por saber tu opinión, tu respuesta, tu reacción. Hay veces que escribo y me emociono, me dejo llevar, recuerdo momentos, personas, sucesos. Esto último me ha pasado hoy escribiendo un artículo que un día leeréis y no porque sea ñoño, no porque sea el artículo en sí muy emotivo, sencillamente porque hay temas que calan, que te tocan. Pensando en ello me he dado cuenta de como cohibimos a veces nuestras emociones, como sentimos culpa o vergüenza por sentirlas, como hay ocasiones en las que nos emocionamos y lloramos y no ha pasado ni un misero segundo cuando ya nos estamos “disculpando” ante las personas que tenemos alrededor. “Perdona, es que me he emocionado…” ¿Perdona? ¿por qué? ¿qué nos pasa a veces? ¿qué nos han metido en la cabeza? ¿que las emociones nos hacen débiles? ¿que llorar no es de valientes? Lo siento, pero no estoy de acuerdo. Si hay algo que nos hacen las emociones es, ni más ni menos, demostrar que somos seres humanos. Personas que sienten, que les importa, que se involucran, que quieren, que aman, que sufren, que añoran, que se apasionan, que disfrutan, en definitiva, que viven. Así que no pidas perdón por tus lágrimas al igual que no lo haces por tu risa. Dejemos de clasificar las emociones en...
Mudanza sentimental

Mudanza sentimental

Foto: Tumblr Todxs hemos pasado por momentos que nos aturullan, que parece que nos sobrepasan. La sensación esa de que viene todo de golpe y nos hace sentirnos como una hormiguilla en mitad del campo: perdidxs, pequeñxs y con dificultades para discernir por donde tirar. Además, fechas como las que se acercan ahora, son muy propicias para que el dicho “querías caldo, pues toma dos tazas” se haga realidad. Es normal que tantos momentos nos hagan quedarnos en estado de shock aunque sólo sea por un milisegundo, es como si estuviésemos de mudanza. Cada problemilla es una caja y de golpe y porrazo nos hemos encontrado rodeadxs de ellas, sin tener nada más que el suelo para sentarnos y esa casa que antes veíamos tan bonita nos cuesta reconocerla. Llegados a este punto tenemos 2 opciones: darnos por vencidxs y perdernos entre las cajas o empezar a ordenarlas y a darlas forma. Llamadme loca pero me quedo con la segunda, ¿vosotrxs? En el momento en el que vayamos “caja” por “caja”, éstas irán abultando menos y, además, nuestra casa irá cogiendo la forma que queríamos darle. Al igual que en las mudanzas, no tenemos porque abrir todo de golpe y colocarlo de cualquier manera. Tómate tu tiempo, ordena el problema, repasa lo que puedes hacer, aprende de lo que piensas, de lo que sientes y trabájatelo hasta pasar a la siguiente caja. Como siempre, habrá cajas más pesadas que otras pero, de la misma manera, también habrá cajas que se vacíen rápidamente y que enseguida den un toque único a esa habitación que está en tu interior. ¿Y si...
La muerte de un paciente

La muerte de un paciente

Hay cosas que no te enseñan en la carrera. Hay cosas que solo la vida hace que aprendas. La semana pasada se murió P. P es -era- mi paciente. P era californiano y, pese a la diferencia horaria y de idioma, conseguimos que la terapia funcionase. El otro día un accidente de tráfico se lo llevó con tan solo 37 años y en mi cabeza resuena el eco de las palabras de su pareja que me ha llamado hoy para contármelo. “He’s gone“. Todos vamos a morir, lo sé, lo sabes, lo sabemos. La verdad es que no me había planteado que un día alguno de mis pacientes podía morir. Sinceramente, es un momento difícil, extraño, es una situación que me deja congelada porque conocía a esa persona y ahora ya no está, se fue. Esto no me lo enseñaron en la carrera. Se que algunas personas piensan, cuando acuden a terapia, que somos un poco robots o extraterrestres y que no nos importan realmente. Seguramente existirá gente así que se mueva por dinero o vete tu a saber -hay de todo en este mundo- pero, afortunadamente, para la mayoría de nosotros sois personas, no sujetos y deseamos lo mejor para vosotros. Hay cosas que no te enseñan en la carrera. Hay cosas que solo la vida hace que aprendas. Buen viaje,...
En voz alta…

En voz alta…

Hasta que no lo dices en voz alta no es real. Existen momentos que se quedan como en el limbo de nuestra vida, parecen estancados en el tiempo, sentimos el botón de pause apretado en nuestro mando a distancia. Todo ha cambiado pero aún no del todo porque nuestra realidad es una realidad compartida, porque hasta que no hacemos partícipes a alguna persona de lo que está pasando es como si todavía no hubiese pasado. Y nos quedamos parados, porque el cambio asusta, porque a lo mejor no lo buscábamos o porque, aunque sea algo que queremos, muchas veces cuesta dar el primer paso, levantarse de la cama y darte cuenta de tu nueva realidad. Si lo callases quizás permanecerías en ese punto eternamente, quien sabe, igual la vida seguiría avanzando y tú con ella dentro de un envoltorio que ya no va contigo, como el muñeco que se queda eternamente en su caja y que nadie juega con él, inútil, solo. Pero das el paso y lo dices en voz alta y, tan sólo de esa manera, te das cuenta de que has accionado un interruptor y que esa luz nueva ilumina ahora tu vida. Todos lo hemos vivido, todos hemos sentido ese cambio, todos hemos estado en ese momento exacto que parece dividir una vida de otra, que separa con un “clic” el como son las cosas ahora de como nunca volverán a ser. Por eso es normal que a veces nos de miedo decir ciertas cosas. Cuando es algo positivo porque nos da la sensación de que se evaporará a medida que salgan las palabras por...
Tú no tienes la culpa

Tú no tienes la culpa

Me encanta responder a las consultas que me hacéis llegar tanto por aquí como las que “me tocan” de Proyecto Kahlo, me parece un lujazo que sintáis la confianza suficiente para abrir una ventanita a vuestro corazón, a esos pensamientos que no habéis compartido con nadie por miedo a que os juzguen. Me apasiona leer lo que decís e intentar ayudar pero me rompe el corazón como, cuando hay situaciones tan horrorosas como son las violaciones de por medio, soléis atormentaos por lo que hicisteis mal en ese momento y cerráis las puertas al futuro, a vuestro propio futuro. Para vosotras, para ti, es este texto. Tú no tienes la culpa. No has hecho nada para merecerlo, no lo has provocado, no eres tú la que lo ha pedido, se te ha impuesto y se te ha pedido que lo tomes o lo dejes o lo tomes. Sin opciones, sin preguntas, sin tratos, sin acuerdo. Y te lo llevaras allá donde vayas, ira siempre contigo, te perseguirá por el día, aparecerá en tus pesadillas pero tú puedes con esto y con mucho mas. Eso no era sexo, quítatelo de la cabeza, eso no es sexualidad, eso no tiene nada que ver con lo que te puedas encontrar con tu pareja. Eso era violencia, pura violencia. Perdónate todo lo que te has echado encima porque no elegiste que te pasara eso, no levantaste la mano deseando que te escogieran, porque tu NO es un no definitivo lo digas como lo digas: chillando, susurrando, arañando, gesticulando o murmurando. Las relaciones no son eso, tener una pareja no es eso, hacer el amor no es...
GIRLS y más allá

GIRLS y más allá

No se si lo sabéis pero soy muy fan de las series, bueno, para ser realista, llego hasta tal punto que en algunos momentos me he considerado (¿o me han considerado?) una “yonki” de ellas. Algunas son lo que llaman los americanos “guilty pleasures” o “placeres culpables”, otras las veo por inercia, igual ya no me llaman la atención pero como que me da pena dejarla ahí sola, tirada,… pues sigo. Aunque otras las abandoné, las miré a los ojos y les expliqué “no eres tú, soy yo”. Otras me apasionan y recomiendo a gritos, con muchas lloro, con muchas me río, con algunas disfruto de la “realidad” y con otras de la magia que sólo es posible en medios como estos. Hay series que, al terminar cada capítulo, me dejan un poso, como si alguien apretase el botón de “pause” en mi vida, me quedo en el limbo, pensando en ello, dándole vueltas, muchas veces me descubro a mi misma transportándome a otro lugar. Esa magia que sólo algunas series, películas, libros y canciones poseen. GIRLS es una de ellas. Cuando termina no se si tengo ganas de hacer el amor, de romper con el mundo, de fugarme a Nueva York, de encerrarme en mi cama, de escribir un libro, de romper el ordenador, de ponerme a dieta o de dejar temblando la nevera. Muy coherente todo, lo se. El tema es que vuelo, me fugo por unos instantes y creo (no se lo digáis a nadie) que hasta desaparezco, un segundito, algo apenas perceptible pero estoy y no estoy. No es la idea más original del mundo, no es la...
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