¿Vives esperando el fin de semana?

¿Vives esperando el fin de semana?

Vivimos la semana trabajando y dejamos los fines de semana para el descanso y la diversión que es lo habitual y, si siempre se ha hecho así, ¿quienes somos nosotros para cambiarlo? Tendemos a vivir temiendo a los lunes y deseando que llegue el viernes sin darnos cuenta de que, de esta manera estamos realmente viviendo tan sólo 2 días a la semana… ¿estamos locxs? ¿en serio vamos a desperdiciar tantos días? No, no, no y no. A ver, que claro que hay que trabajar y, evidentemente, esto nos va a quitar tiempo del día pero podemos mejorar 2 cosas: – La actitud con la que vamos al trabajo. Suena el despertador y querrías mandarlo haciendo un doble tirabuzón hasta Finlandia pero en cambio te levantas, gruñes, tienes sueño, no quieres ir a trabajar y, si no fuera porque no tienes 5 años, te tirarías al suelo y tendrías una pataleta. Lo se, lo se… ea ea eaaaaa. Pero ¿y si vemos el lado positivo? ¿y si pensamos en lo que ese trabajo nos va a aportar? y, ya puestos, ¿si sonreímos un ratillo por ello? Igual, hasta nos cruzamos con otro “zombie currante” por la calle al que nuestra sonrisa le despierta y eso está fenomenal, ¿verdad? – “El tiempo” de trabajo no se tiene que convertir en “el día” de trabajo. Entiendo que hay semanas que por A o por B el trabajo nos acompaña a casa, entiendo también que a veces hay que “contestar a ese e-mail” o “hacer esa llamada” -¡maldita-bendita tecnología!- pero, por lo demás, tenemos que aprender a desconectar. Dejad el trabajo de lado en un punto determinado del...
Las palabras mágicas

Las palabras mágicas

 Fuente: Pinterest Seguro que muchos de vosotros sabéis cuales con las palabras mágicas, de hecho más de uno/a seguro que ha “educado” a alguien en ellas y es que es algo que sabemos pero, desgraciadamente, algo que también olvidamos. POR FAVOR PERDÓN GRACIAS Mira que son fáciles de recordar, ¿verdad? y no hace falta que entremos en detalles de cuando y cómo se utilizan, ¿o si? El otro día estando en la cola de un supermercado vi como unos padres “ajetreados” no saludaban a la dependienta, le daban el dinero y se iban a ir hasta que se oyó la voz de su hijo de unos 5 años “¿no le dais las gracias?”… fue como un disparo a bocajarro y los padres se quedaron como quienes miran a Medusa a los ojos, uno de ellos se volvió, sonrió a la cajera y le dijo “muchas gracias, que tenga buena tarde” y ella respondió con una sonrisa de oreja a oreja. Y es que pasa, lo sabemos, lo conocemos pero muchas veces vamos en nuestra burbuja particular y, al estar rodeados de tantas cosas tan automatizadas, nos olvidamos de lo que hay a nuestro alrededor… PERSONAS. Pero no sólo queda aquí ya que, como somos seres de costumbres, muchas veces nos lo llevamos a casa. ¿Hace cuanto no le das las gracias a tu pareja/padres/amigos/hijos/etc. por algo que hacen? y no hablo de algo excepcional sino de algo que hagan en su día a día, alguna de esas cosas que como damos por sentadas parece que pasan desapercibidas. Házlo, plantéatelo, piensa en ello y da las gracias, a todos nos gusta sentir que se valora lo que hacemos, que se...
No te enfades pero…

No te enfades pero…

Seguro que más de una vez alguien os estaba hablando y ha comenzado una frase así o de ese estilo, ¿verdad? ¿Y qué hace automáticamente eso? Exacto, que te pongas a la defensiva, justo el efecto contrario, porque diciéndote que no te enfades de antemano te predispone a escuchar algo por lo que te puedas sentir afectadx. Lo mismo ocurre cuando alguien termina una relación -sea del tipo que sea- y te dice algo como “antes de nada, no quiero que pienses que aquello que pasó hace unas semanas tiene algo que ver” y, en el fondo, lo que te está diciendo es “esto es por aquello… y lo sabes”. Y es que a veces somos transparentes sin querer serlo e, intentando cubrirnos las espaldas, ponemos en bandeja nuestros verdaderos pensamientos. Es como el otro día que coincidí con una persona que, mientras nos tomábamos algo, no hacía más que esgrimir frases sobre la igualdad entre hombres y mujeres y como éstas últimas -si, nosotras- un día llegaríamos a estar a “su altura”. Qué altura es esa no lo se, pero desde luego éste si se cayó desde ahí y se quedó así, debe de ser muy alto. Su discurso en papel era bueno siempre y cuando no terminase sus frases porque cada puntillita final hacía lo que no quería que hiciese: mostrar lo machista que era. Curioso, ¿verdad? ¿Será por esto lo del refrán aquel de “se pilla antes a un mentiroso que a un cojo”? Porque podemos intentar decir todo lo que queramos, podemos cambiar nuestro discurso pero hay un pequeño detalle, que cuando no te crees...
Llega San Valentín

Llega San Valentín

Tengo que decirlo desde ya, no soy nada NADA fan de San Valentín. El “día de los enamorados”, el “día de la pareja”, el día en el que todo es super bonito y nos vamos a cenar juntos y te hago un regalito mientras le decimos al mundo “mira que felices somos”. Como si hacer esas cosas fuese una muestra de ello… y como si a los demás les importara. Tengo que decirlo, muchas de las parejas que vienen a terapia no se saltan ni un 14 de febrero. No me entendáis mal, con esto no quiero decir que si celebras ese día tu relación esté abocada al fracaso ni muchísimo menos, pero que hacerlo no da garantía de nada (salvo de los regalos que compres, claro…) Y no es que tenga nada en contra de divertirse en pareja, crear un plan juntos y celebrar el amor por todo lo alto – ¡al revés!- simplemente me parece que pierde toda la gracias si lo haces sólo porque es San Valentín, como el que tiene relaciones con su pareja porque ya sabemos que toca el “sabado, sabadete”. Tengo que decirlo, soy muy fan del amor y de sus manifestaciones, me encanta la gente que lo muestra sin remilgos, que lo disfruta, pero que llenes la casa de corazones rojos y la cama de pétalos de rosa y que luego, sin embargo, no seamos capaces de hablar de muchos “temas tabú” porque no nos ponemos de acuerdo y discutimos. Pues no, de eso no soy fan. Me quedo con un beso, una mirada y una sonrisa. ¿Y qué me decís de...
Emocionarse o morir

Emocionarse o morir

Ilustración de Javitxuela Hay veces que escribo e intento enseñar algo, explicarlo como si estuviésemos aquí juntxs hablando de ello compartiendo un café, té o cervecita. Hay veces que escribo y escribo, sin rumbo, persiguiendo una idea e intentando que ésta no se pierda entre los dedos y el teclado. Hay veces que escribo sólo por saber tu opinión, tu respuesta, tu reacción. Hay veces que escribo y me emociono, me dejo llevar, recuerdo momentos, personas, sucesos. Esto último me ha pasado hoy escribiendo un artículo que un día leeréis y no porque sea ñoño, no porque sea el artículo en sí muy emotivo, sencillamente porque hay temas que calan, que te tocan. Pensando en ello me he dado cuenta de como cohibimos a veces nuestras emociones, como sentimos culpa o vergüenza por sentirlas, como hay ocasiones en las que nos emocionamos y lloramos y no ha pasado ni un misero segundo cuando ya nos estamos “disculpando” ante las personas que tenemos alrededor. “Perdona, es que me he emocionado…” ¿Perdona? ¿por qué? ¿qué nos pasa a veces? ¿qué nos han metido en la cabeza? ¿que las emociones nos hacen débiles? ¿que llorar no es de valientes? Lo siento, pero no estoy de acuerdo. Si hay algo que nos hacen las emociones es, ni más ni menos, demostrar que somos seres humanos. Personas que sienten, que les importa, que se involucran, que quieren, que aman, que sufren, que añoran, que se apasionan, que disfrutan, en definitiva, que viven. Así que no pidas perdón por tus lágrimas al igual que no lo haces por tu risa. Dejemos de clasificar las emociones en...
Mudanza sentimental

Mudanza sentimental

Foto: Tumblr Todxs hemos pasado por momentos que nos aturullan, que parece que nos sobrepasan. La sensación esa de que viene todo de golpe y nos hace sentirnos como una hormiguilla en mitad del campo: perdidxs, pequeñxs y con dificultades para discernir por donde tirar. Además, fechas como las que se acercan ahora, son muy propicias para que el dicho “querías caldo, pues toma dos tazas” se haga realidad. Es normal que tantos momentos nos hagan quedarnos en estado de shock aunque sólo sea por un milisegundo, es como si estuviésemos de mudanza. Cada problemilla es una caja y de golpe y porrazo nos hemos encontrado rodeadxs de ellas, sin tener nada más que el suelo para sentarnos y esa casa que antes veíamos tan bonita nos cuesta reconocerla. Llegados a este punto tenemos 2 opciones: darnos por vencidxs y perdernos entre las cajas o empezar a ordenarlas y a darlas forma. Llamadme loca pero me quedo con la segunda, ¿vosotrxs? En el momento en el que vayamos “caja” por “caja”, éstas irán abultando menos y, además, nuestra casa irá cogiendo la forma que queríamos darle. Al igual que en las mudanzas, no tenemos porque abrir todo de golpe y colocarlo de cualquier manera. Tómate tu tiempo, ordena el problema, repasa lo que puedes hacer, aprende de lo que piensas, de lo que sientes y trabájatelo hasta pasar a la siguiente caja. Como siempre, habrá cajas más pesadas que otras pero, de la misma manera, también habrá cajas que se vacíen rápidamente y que enseguida den un toque único a esa habitación que está en tu interior. ¿Y si...
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