Cómeme a versos

Cómeme a versos

Ilustración de Carla Aledo para PK Este mes, en Proyecto Kahlo, hablamos de literatura y yo me he lanzado a hablar del poder de la palabra. Sabemos que las palabras pueden doler, también sabemos que pueden enamorar, ¿pueden también erotizar? ¡claro!  Con las palabras podemos crear y eso es fundamental en la pareja. Así que no me enrollo más y te dejo leer el artículo pinchando aquí. Si después de leerlo quieres compartir conmigo algún momento en el que unas palabras se hayan marcado a fuego en tí, te espero en comentarios...
Entre orgasmos masculinos: el periodo refractario

Entre orgasmos masculinos: el periodo refractario

El título iba a ser “El periodo refractario” tal cual pero ya sabéis que a mi lo de los títulos al uso, que se encuentren fácilmente buscando en google y que puedan facilitar un entendimiento, no se porqué pero no me dicen nada. Igual porque parecen demasiado drásticos o médicos o parece que venga a daros una clase de biología en modo serio -y ya sabéis que el humor es vital para mi- pero sea como sea me quedo con este título y ¡oye! que a gustito 😛 Pero bueno, vamos al lío 😉 Los hombres, tras el orgasmo, tienen un tiempo en el que el cuerpo entra en reposo, la sangre abandona sus genitales por lo que se baja la erección, las pulsaciones disminuyen y se relajan. Esa vuelta a la estabilidad física y psíquica en la que se conoce como el periodo refractario. Es un tiempo, en el que podemos decir, que el cuerpo va recargando las pilas, recupera la energía perdida, vuelve a hacer acopio de espermatozoides en condiciones, etc. Pero, si hay algo característico de este tiempo, es que no se tienen ganas de nada, no suelen apetecer más encuentros sexuales y, si las tuvieses, el cuerpo no consigue excitarse o, si lo hace, no logra la misma intensidad. Vamos, que o no consigues una nueva erección o la consigues pero “a medias”, por decirlo de alguna forma. ¿Cuánto dura este tiempo? Depende. Si, ya veo vuestras caras de decepción y los ojos a lo “gato con botas” de no me digas eso por favor, ¡dame cifras!. Pero es que esa es la realidad… hay personas...
Siempre hay algo bueno

Siempre hay algo bueno

Siempre hay algo bueno. Hoy he tenido una sesión bonita y jodida al mismo tiempo. Dura y contundente como sólo puede suceder cuando alguien te dice que ha pensado en dejar de existir. Estremecedora porque no es fácil escuchar eso pero es muchísimo más difícil decirlo, verbalizarlo, compartirlo. Jodida porque te persigue. Porque necesitas una ducha de 20 minutos para volver a ubicarte y no has llegado ni a secarte y te encuentras envuelta en la toalla escribiéndolo para desahogarte. Empieza a hacer frío. Pero recuerdas lo bueno. Porque siempre hay algo bueno. Lo bueno es que no tirase la toalla. No la tiraste. Lo bonito y encomiable es que pudiste levantarte sin tener el viento a tu favor, sin ver las manos que te tendían -porque no es que no las hubiese, es que esos pensamientos te lo impedían- y pediste ayuda. Admirable la fuerza de voluntad para trabajarse todo, para seguir adelante, para sonreír por ti y para ti. Porque tú eres muy importante en este mundo. Eres tu mundo. Y me das las gracias. Y yo te las tengo que dar también a ti. Gracias. Hoy he tenido una sesión bonita y jodida, sencillamente, porque así es la vida....
Todo lo que no es SÍ es NO

Todo lo que no es SÍ es NO

Ilustración de Patricia Corrales para PK que no me puede gustar más 🙂 Este año empezamos fuerte en Proyecto Kahlo y lo hacemos hablando de violencia. En esta ocasión me he decantado por hablar de consentimiento, porque muchas veces nos sorprendemos cuando escuchamos que a una mujer la violó su pareja, porque hay veces que aquel dicho de “el que calla otorga” no se cumple, porque el miedo o lo que se nos ha inculcado puede lograr que se nos atraganten las palabras y porque, eso mismo, puede hacer que la otra persona vea lógico y normal seguir adelante cuando no lo es. Porque todo lo que no es Sí es NO. Lo podéis leer pinchando...
Te fuiste

Te fuiste

Imagen de Guy Bourdin Te fuiste y me quedé esperando. Dijiste que no volverías, que no había nada que hacer, que ya nuestro tiempo había pasado. Que había terminado. Te ofrecí un tiempo -en el que no creía-, te dije que estaría aquí si regresabas, que no me movería. Te fuiste y me quedé pensando. Al día siguiente me levanté con el regusto del café. La vida era diferente, la luz había cambiado, la ducha no reconfortaba como antes y pensé que nunca más volvería a tener algo así. En eso no me equivocaba, cada relación es única, cada momento genuino y cada pareja -persona- escribe un capítulo diferente en el libro de tu vida. Pasaron horas, pasaron días y, al final, el tiempo todo lo cura. Las heridas que no cerraban, sanaron. Los pensamientos que no se iban, cambiaron. Las posibilidades que no encontraba, aparecieron. Las oportunidades para seguir adelante, las creé. Te fuiste y me conocí. Pensé en mí como nunca lo había hecho. Me quise, me cuidé y me consentí como nunca. Y me di cuenta, de que me caía bien, que me llevaba bien conmigo misma y que estaba dispuesta a vivir así el resto de mi vida. Te fuiste y crecí. Quedaron millones de historias, de momentos, de todo lo que aprendí contigo, de todo lo que descubrí de mí. Quedó muchísimo amor que guardé bien. Te fuiste y nos veíamos. Y mucha gente levantaba una ceja, porque con “los ex” no se habla. Como si perteneciéseis -perteneciésemos- todos los que sois -somos- “ex-algo” a un grupo que no tiene permitida la entrada en...
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